Para ser pícaro no es necesario ser chileno. Bueno sí, ser chileno parece fundamental, pero no es necesario vivir en Chile. Luego de viajar a Estados Unidos conocí a quien sería el más grande astuto de la historia. Señoras y señores, les presento a Jonatan “El Repartidor”.
Llegó hace un año con su familia a vivir al estado más poderoso del país más poderoso del mundo, California, pero tengan claro que este fresco de raja sería lo que es en cualquier lugar del mundo. Por su viveza, por ser puntudo, por pasar siempre primero, por no desechar oportunidad, en fin, por ser chileno, El repartidor se ha convertido en uno de los más grandes millonarios de la historia y con solo 18 años.
Apenas pisó suelo gringo, se las ingenió para instalar su propia empresa. Sí pues. Jonatan venía con el cerebro bien lavadito de que el país del norte era “el país de las oportunidades” y eso sí que se lo tomó enserio.
Luego de un mes comenzó a vender maní en las esquinas, puso unos carritos y contrató a varias personas para que manejaran su empresa. Sin embargo, desde Nueva York le llegó la noticia de que otro chileno se le había adelantado en la idea, con lo que debía cambiar de rubro inmediatamente. Ese fue el primer porrazo de nuestro amigo.
Cabizbajo por la pérdida de la inversión, Jonatan se sentó en el sofá de su casa para pensar. Fue en eso que prendió el televisor y en una de las emisiones del noticiario de la tarde escuchó a una mexicana decir que se había ido a vivir a Estados Unidos porque era el país de las oportunidades... Ding, ding, ding, le sonó nueva mente la ampolleta en la cabeza. Al día siguiente estaba cuidando a la cabra chica del vecino del barrio haciendo lo que los gringos llaman baby siter, o algo así. No aguantó mucho la gritadera de los niños, pero la idea le pareció genial. Contrató a un par de amigos del colegio, le dijo que la pega era facilita y creo su propia empresa de cuidado de bebés.
Para ser franco, ahí no le fue nada de mal, pero no era lo que él se imaginaba. Sus compañeros se quejaban de que no estaban las condiciones para seguir operando. Los implementos como mamaderas, baberos y otros debían ser costeados por ellos mismos. Los horarios de trabajos no eran los acordados en el contrato y los gringos, como son gringos, les gusta que las cosas funcionen al pan pan y al vino vino. Si a esto le agregamos que el sueldo mínimo que pagaba era el monto chileno. La cosa se pone peor.
Gracias a estas prácticas tan arraigadas en su país natal, “El Repartidor” logró juntar una extraordinaria suma de dinero. Con esto se fue a Silicon Valley a estudiar computación, emulando a su más acérrimo competidor: Bill Gates. Y créanme o no, le ganó. Más de un millón de dólares en dos días luego de lanzar un supuesto programa de computación inventado por él. ¿Qué hacía el programa? No se y me da lo mismo.
Lo que verdaderamente importa es que Jonatan se convirtió en todo un inversionista, compró acciones por aquí, viajó por allá y conquistó a las más bellas mujeres del mundo (Cecilia Bolocco incluida). Pero su mayor realización no fue ninguna de anteriores, sino que cumplir el sueño de todo adolescente: el de la pizzería propia. Y así fue, salvo por un detalle: en el cartel de la entrada le puso ese tan famoso cliché criollo que dice “atendido por su dueño”.
Es así como el joven más millonario del mundo, que le ganó a Bill Gates, se compró la tan cotizada cadena de Pizza Hut y ahora cumple labores de repartidor. Llega con su singular sonrisa a todos los rincones del mundo (para eso el jet privado) y reparte desde China a Chile en 30 minutos o gratis (esa frase la he escuchado en alguna parte).
Así anda por la vida nuestro querido amigo. Lleno de triunfos y glorias, nadie lo puede creer. Para colmo…y de manera unánime dentro de los demás trabajadores…salió escogido empleado del mes.
miércoles, 11 de abril de 2007
El Repartidor
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