miércoles, 10 de octubre de 2007

Este sí que es cambió de Lavín

¿Quién es en verdad Joaquín Lavín? ¿Un político? ¿Un candidato? ¿Un ambiguo? ¿Un amigo? ¿Un raro? ¿Un bacheletista? ¿Un aliancista? La verdad es que no tengo idea. Para saberlo habría que preguntarle a él. ¿Qué demonios eres tú Joaquín?

Lavín es Lavín y punto. Un ser de la política que se deja querer y a su vez odiar, pero que en el fondo de su corazón asoma algo de lo que él llama “vocación de servicio público” y para demostrarlo, es capaz de unirse a su más férreo enemigo de los últimos años: La Concertación.

Esta última locura del eterno presidenciable se debe principalmente a la confianza que la Presidenta Michelle Bachelet le otorgó para que integrara la controvertida comisión para la equidad social. Y de esto el “Joaco” sabe mucho. Es por eso que saliéndose un poco de las controversias que en los últimos días han rondado a la política, sobretodo por el caso Riggs y los Pinochet. Lavín se desmarcó notablemente y se declaró sin pelos en la lengua como un BACHELETISTA ALIANCISTA

Su espíritu ultra cristiano está, al parecer, lleno de deseos de combatir la pobreza pero sin populismos ni demagogias.

Yo no soy lavinista, para nada. No voté por él y creo que no lo haría. Sin embargo, no se por qué, pero le creo. Al parecer es un político que demuestra que lo que quiere hacer es en verdad por el país y no por intereses políticos. Aunque esto último sea imposible de creer.