miércoles, 25 de abril de 2007

U2: Ochenteros, Noventeros y Dosmileros


Tema: Grupos musicales

Punto de vista: U2

Hipótesis: La banda es una de las pocas que ha traspasado a más de dos generaciones.


Cuando llegué a las siete de la mañana al Estadio Nacional no lo podía creer. Había una fila de 3.000 personas esperando que abrieran las puertas del recinto para entrar al tan ansiado “Golden Circle”, el lugar privilegiado para los fans más madrugadores.

. En mi recorrido hasta el final de la cola comencé a observar a los asistentes y me sorprendí. La diversidad de las edades, géneros y estilos que concurrían al segundo recital de U2 en Chile es algo que pocas veces se ven en un país como el nuestro, el que está acostumbrado a juntar a los iguales con los iguales y a opacar al diferente…Aquí no. Papás con sus hijos, hijos que llevaban a sus papás, gente humilde, gente con plata, extranjeros, otras bandas, mijitas ricas, viejos, niños y hasta Ricardo Lagos. Todos querían ver a una de las pocas Bandas que quedan. Bandas así, con mayúscula.

Desde su primer disco en los años 80; U2 no ha dejado de ser una máquina compositora de canciones capaces de tener vigencia hasta hoy. Es que la preocupación de sus integrantes por hacer buenas melodías se nota en su base: buenas voces, excelentes letras, mucha tecnología y temas de importancia social son algunos de los métodos que ha tenido este grupo para consagrarse durante años y no quedar en el tintero como tantos otros.

La agrupación liderada por Bono tiene más de 20 años en escena y no para. Sus conciertos están catalogados como uno de los espectáculos imperdibles a nivel mundial, su preocupación por los niños de África, la violencia en Medio Oriente y la paz mundial hace que no sólo su música sea atractiva para los ochenteros que los vieron nacer, sino que han sido del gusto de grandes y chicos (noventeros y dosmileros) de la actual generación de la información en todo el espectro musical.

La permanencia de esta banda en el tiempo los ha ayudado a tener fans de todas las edades y esto es lo más difícil de hacer. Poder trabajar musicalmente con los mismos integrantes desde el nacimiento de la agrupación es un hecho contado con los dedos de las patas de un pollo. Pero así es. U2 ha logrado consagrarse y se seguirá consagrando mientras surjan nuevas generaciones.

Una vez que finalizó el concierto y el pito en el oído no paraba de sonar lo primero que dije fue que las 14 horas de espera valieron la pena para llegar al ansiado “Golden”. Ahí me percaté por qué tantas generaciones, tanta euforia, cómo ochenta mil entradas se acabaron en dos días. Todo se resumía en una sola palabra: calidad.

miércoles, 11 de abril de 2007

El Repartidor

Para ser pícaro no es necesario ser chileno. Bueno sí, ser chileno parece fundamental, pero no es necesario vivir en Chile. Luego de viajar a Estados Unidos conocí a quien sería el más grande astuto de la historia. Señoras y señores, les presento a Jonatan “El Repartidor”.
Llegó hace un año con su familia a vivir al estado más poderoso del país más poderoso del mundo, California, pero tengan claro que este fresco de raja sería lo que es en cualquier lugar del mundo. Por su viveza, por ser puntudo, por pasar siempre primero, por no desechar oportunidad, en fin, por ser chileno, El repartidor se ha convertido en uno de los más grandes millonarios de la historia y con solo 18 años.
Apenas pisó suelo gringo, se las ingenió para instalar su propia empresa. Sí pues. Jonatan venía con el cerebro bien lavadito de que el país del norte era “el país de las oportunidades” y eso sí que se lo tomó enserio.
Luego de un mes comenzó a vender maní en las esquinas, puso unos carritos y contrató a varias personas para que manejaran su empresa. Sin embargo, desde Nueva York le llegó la noticia de que otro chileno se le había adelantado en la idea, con lo que debía cambiar de rubro inmediatamente. Ese fue el primer porrazo de nuestro amigo.
Cabizbajo por la pérdida de la inversión, Jonatan se sentó en el sofá de su casa para pensar. Fue en eso que prendió el televisor y en una de las emisiones del noticiario de la tarde escuchó a una mexicana decir que se había ido a vivir a Estados Unidos porque era el país de las oportunidades... Ding, ding, ding, le sonó nueva mente la ampolleta en la cabeza. Al día siguiente estaba cuidando a la cabra chica del vecino del barrio haciendo lo que los gringos llaman baby siter, o algo así. No aguantó mucho la gritadera de los niños, pero la idea le pareció genial. Contrató a un par de amigos del colegio, le dijo que la pega era facilita y creo su propia empresa de cuidado de bebés.
Para ser franco, ahí no le fue nada de mal, pero no era lo que él se imaginaba. Sus compañeros se quejaban de que no estaban las condiciones para seguir operando. Los implementos como mamaderas, baberos y otros debían ser costeados por ellos mismos. Los horarios de trabajos no eran los acordados en el contrato y los gringos, como son gringos, les gusta que las cosas funcionen al pan pan y al vino vino. Si a esto le agregamos que el sueldo mínimo que pagaba era el monto chileno. La cosa se pone peor.
Gracias a estas prácticas tan arraigadas en su país natal, “El Repartidor” logró juntar una extraordinaria suma de dinero. Con esto se fue a Silicon Valley a estudiar computación, emulando a su más acérrimo competidor: Bill Gates. Y créanme o no, le ganó. Más de un millón de dólares en dos días luego de lanzar un supuesto programa de computación inventado por él. ¿Qué hacía el programa? No se y me da lo mismo.
Lo que verdaderamente importa es que Jonatan se convirtió en todo un inversionista, compró acciones por aquí, viajó por allá y conquistó a las más bellas mujeres del mundo (Cecilia Bolocco incluida). Pero su mayor realización no fue ninguna de anteriores, sino que cumplir el sueño de todo adolescente: el de la pizzería propia. Y así fue, salvo por un detalle: en el cartel de la entrada le puso ese tan famoso cliché criollo que dice “atendido por su dueño”.
Es así como el joven más millonario del mundo, que le ganó a Bill Gates, se compró la tan cotizada cadena de Pizza Hut y ahora cumple labores de repartidor. Llega con su singular sonrisa a todos los rincones del mundo (para eso el jet privado) y reparte desde China a Chile en 30 minutos o gratis (esa frase la he escuchado en alguna parte).
Así anda por la vida nuestro querido amigo. Lleno de triunfos y glorias, nadie lo puede creer. Para colmo…y de manera unánime dentro de los demás trabajadores…salió escogido empleado del mes.

miércoles, 4 de abril de 2007

La Oveja Negra de la familia

A Carlos Peña no lo conozco. No he hablado con él. Se que es rector de la Portales y que escribe en El Mercurio, nada más. Puede que sea pesado, antipático, “concerta”, seudo socialista, progresista y todo eso, pero a mí me importa un rábano. A Carlos Peña lo leo y punto.
La primera vez que incursioné por sus letras fue el mismo momento que torcí una y otra vez la portada del diario para asegurarme de que en el tope de la página efectivamente dijera “El Mercurio” .
Acostumbrado a columnistas de la talla de Hermógenes Pérez de Arse, Álvaro Bardón, Cristobal Orrego, Max Colodro, Joaquín Lavín, entre otros; no podía creer lo que veían mis ojos: una defensa casi propagandística al gobierno de Ricardo Lagos. ¿Escuchó bien? Dije defensa a un gobierno de la Concertación en nada más y nada menos que El Mercurio.
No pasó mucho tiempo cuando comencé a observar las repercusiones de sus palabras. Un par de cartas al director del medio me dejó en claro que al lector clásico de este histórico diario no le gusta para nada la idea de que un trasgresor intelectual le perturbe su tranquila lectura dominical (salió verso). De este modo, se puede decir que Peña es como un punto negro entre tanto puntito blanco.
Pero no es para alarmarse tanto. Lo de la defensa al gobierno de Lagos fue una de las tantas opiniones a favor de una situación puntual. De hecho, algo que me gusta de este columnista es su capacidad de ser objetivo y fanático a la vez. Lo de objetivo es entendible. No hay nada menos atractivo que un opinólogo que se base en teorías baratas y no en hechos puntuales. Que se sienta como algo que deambula por sobre las sombras de todos los demás, observando desde arriba, como un ser superior que tiene que instruir a los pobres incultillos que andan por la vida. Bueno, algo de esto tiene Peña (es típico de todos los columnistas), sin embargo, lo que realmente me gusta es que no es crítico sino que analítico. Y de esto es fanático.
Los análisis, por no presentar gran dosis de crítica, incluso en momentos en que los burócratas lo están haciendo muy mal, caen como patada en el traste a aquellos que sólo quieren ver de rodillas al gobierno de turno. Pero es simple.
Criticar es lo más fácil que puede hacer un columnista. Es cosa de leer un poco los diarios de la semana, ver las cosas negativas que acontecieron y luego ponerse a resumir aquello que todos sabemos que anda mal.
Analizar es más complejo. Sobretodo si se sabe que el que está analizando lo hace desde el bando simpatizante. Pero no lo hace con simpatía. Cuando las cosas no andan bien, Peña no escatima en ser negativo con su análisis. Pero como en sus opiniones no hay crítica dura, descalificaciones, calificaciones, destrucción, etcétera, parece un acérrimo defensor del Gobierno.
Sin embargo, si uno pasa la cuenta pede observar que Carlos Peña ha escrito de todo; incluso de fútbol. Y todo lo ha hecho con la misma técnica que mezcla la filosofía política gringa, la escuela de Frankfurt su cosecha propia y algo de soberbia.

Lo que me carga de Peña

No puedo soportar los paréntesis. Este columnista tiene la mala costumbre de poner mucho entre paréntesis lo cual perturba mi tranquila lectura. No es que me molesten en sí los paréntesis, sino que encuentro que Peña los hace más complicados. Cuando uno hace uso de esta herramienta es para dejar algo en claro, pero no para oscurecer lo que se quiere explicar. Peña hace justamente eso. Usa los paréntesis para complicarte la lectura, pues generalmente es para establecer una idea que sólo él y un par de intelectuales más le logran entender.
Sin embargo, esto es lo de menos. Si le sumamos aquella foto con la cabeza apoyada en la mano que nos invitaba a seguir a esta especie de gurú, la primera impresión que a uno le daba era la de un antipático. Y eso es él. Un verdadero antipático para los que critican, para los que no les gusta lo nuevo, lo distinto, lo trasgresor sin herir a nadie. En resumen: La oveja negra de la familia mercurial.