¿Quién es en verdad Joaquín Lavín? ¿Un político? ¿Un candidato? ¿Un ambiguo? ¿Un amigo? ¿Un raro? ¿Un bacheletista? ¿Un aliancista? La verdad es que no tengo idea. Para saberlo habría que preguntarle a él. ¿Qué demonios eres tú Joaquín?
Lavín es Lavín y punto. Un ser de la política que se deja querer y a su vez odiar, pero que en el fondo de su corazón asoma algo de lo que él llama “vocación de servicio público” y para demostrarlo, es capaz de unirse a su más férreo enemigo de los últimos años:
Esta última locura del eterno presidenciable se debe principalmente a la confianza que
Su espíritu ultra cristiano está, al parecer, lleno de deseos de combatir la pobreza pero sin populismos ni demagogias.
Yo no soy lavinista, para nada. No voté por él y creo que no lo haría. Sin embargo, no se por qué, pero le creo. Al parecer es un político que demuestra que lo que quiere hacer es en verdad por el país y no por intereses políticos. Aunque esto último sea imposible de creer.
1 comentario:
Hola Gustavo, te felicito por tu escrito.
Saludos
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